“La biblioteca es un lugar en el que hago amigos”, la experiencia de Emmanuel en la Biblioteca Pública Soledad Lamprea - Perdomo
Por: Juan Camilo Useche Moreno
Emmanuel Ortíz tiene siete años y una energía que alegra la Biblioteca Pública Soledad Lamprea - Perdomo. Llegó a este espacio cuando apenas comenzaba a caminar y, desde entonces, la biblioteca se convirtió en un lugar que acompaña su crecimiento: un sitio de juegos, música, lecturas, afectos y la posibilidad de explorar sin restricciones.
Para Emmanuel, la biblioteca forma parte de su vida cotidiana: “en cada oportunidad que puedo visitarla, me siento feliz, porque sé que van a pasar cosas diferentes”, menciona con euforia mientras observa los espacios de la biblioteca.
Le fascinan las matemáticas, la astronomía y la lectura. Disfruta escribir y explorar todo aquello que le permita entender cómo funciona el mundo. Sueña con viajar al espacio, conocer la luna y las estrellas, y convertirse algún día en científico. Ante su curiosidad constante, él encuentra en la biblioteca un lugar para preguntar, imaginar y crear.
“Es un lugar que me permite explorar libremente y siento que eso me hará cumplir mis sueños”, cuenta Emmanuel con gran seguridad.
Emmanuel tiene raíces indígenas Wayuu, una identidad que dialoga de manera natural con sus intereses por la astronomía, los saberes ancestrales y las múltiples formas de comprender el mundo. “El año pasado pude viajar junto a mi familia y conocí un poco de mi cultura, recuerdo que aprendí algunas canciones”, dice Emmanuel mientras recuerda su último viaje a La Guajira.
En la biblioteca, estos conocimientos se articulan con nuevas lecturas, ritmos y experiencias que le permiten ampliar su mirada desde el respeto por la diversidad cultural y el pensamiento crítico.
Su mamá, Olga Lucía, trabajadora social y especialista en Derecho de familia, conoció la biblioteca mucho antes de que Emmanuel naciera, cuando realizó allí sus prácticas profesionales. Volver ahora en compañía de su hijo la llevó a reencontrarse con un lugar que sigue acompañando a las familias desde lo cotidiano.
“La relación que Emmanuel ha construido con la biblioteca viene desde que era muy pequeño. Aquí se le ha posibilitado descubrir y ampliar todas sus habilidades y procesos de desarrollo”, explica Olga.
Para ella, la biblioteca es “un espacio de libertad”, un entorno donde Emmanuel puede experimentar, conversar con otros niños y niñas, y reconocer que existen múltiples maneras de ser. “A través del arte, el juego y la literatura, Emmanuel puede aprender y expresarse”, afirma.
Por su parte, Emmanuel ve la biblioteca no solo como un espacio de aprendizaje y exploración, sino también como un punto para socializar: “Es un lugar donde puedo jugar y hacer amigos, entender otras maneras de pensar y conocer los sueños de otros niños y niñas”, explica.

Emmanuel Ortiz, usuario destacado de la Biblioteca Pública Soledad Lamprea - Perdomo
Ese contacto constante con historias, encuentros, música y movimiento ha influido en su forma de aprender. “Ese intercambio cotidiano lo ha llevado a fortalecer su pensamiento crítico, a expresar sus emociones con claridad y a desarrollar sensibilidad frente a los demás… La biblioteca ha sido clave para que pueda decidir, argumentar, jugar y crear desde su propia voz y ritmo”, señala Olga mientras observa a Emmanuel disfrutar de algunos libros de Harry Potter.
Uno de sus espacios favoritos es la Hora del cuento, que se realiza los viernes a las 3:00 p. m. en la Biblioteca Pública Soledad Lamprea - Perdomo. Allí, participa en sesiones de literatura infantil que mezclan narraciones, exploraciones sensoriales, juegos y movimientos. Para Emmanuel, cada historia abre una puerta distinta: a veces hacia el espacio exterior, otras hacia mundos fantásticos y, en muchas ocasiones, hacia preguntas matemáticas que él mismo disfruta resolver.

Emmanuel Ortiz, usuario destacado de la Biblioteca Pública Soledad Lamprea - Perdomo
La biblioteca también es un punto de encuentro familiar. Emmanuel comparte muchas de sus experiencias con su prima María, quien desde muy pequeña participa en los talleres de primera infancia. Ella asiste a Leo con mi bebé, los sábados a las 10:00 a. m., un espacio donde la lectura ocurre a través de la música, el cuerpo, los sentidos y la cercanía entre cuidadores y bebés.
María disfruta especialmente las actividades con pintura, sellos y libros álbum; aunque aún no lee de manera convencional, inventa historias a partir de las imágenes con una creatividad sorprendente.
Lady, mamá de María, destaca cómo estos encuentros impactan su vida cotidiana: “Todo lo que María aprende en la biblioteca lo replica en la casa y en el colegio, Además, ha logrado construir una rutina lectora que fortalece su relación con el habla”. Para ella, estos espacios no solo apoyan el desarrollo de la infancia, sino que crean comunidad entre familias que comparten experiencias, saberes y formas de acompañar a sus hijos e hijas.
Asimismo, Olga Lucía resalta que las bibliotecas también cumplen un papel fundamental en la crianza consciente y en la construcción de vínculos basados en el respeto y la empatía, además de romper estereotipos tradicionales: “En la biblioteca los escenarios son amplios y diversos. No se clasifican por géneros ni por roles impuestos. Aquí todos pueden jugar, crear, cuidar y expresarse sin miedo”.
Historias como la de Emmanuel y María son evidencia de cómo las bibliotecas públicas de Bogotá se consolidan como epicentros culturales donde las infancias encuentran diversidad de lenguajes para explorar: libros, sonidos, texturas, juegos, conversaciones y múltiples maneras de relacionarse con la cultura escrita donde aprenden a convivir, crear, escuchar y construir comunidad reconociendo su diversidad. Son espacios donde las familias encuentran apoyo y cada vivencia fortalece su cotidianidad.
Esta experiencia se conecta directamente con el enfoque de Derechos Humanos de la Política Pública LEO, que reconoce la importancia de garantizar oportunidades equitativas de acceso a la cultura escrita y a la oralidad. Desde esta perspectiva, las bibliotecas públicas de BibloRed se convierten en lugares de encuentro fundamentales para que niños y niñas crezcan en libertad, desarrollen su pensamiento crítico, fortalezcan su identidad, amplíen sus posibilidades y ejerzan su autonomía, su sensibilidad y su voz.


