En la casa de Geraldine Hidalgo, la Hora del cuento de BibloRed ocurre a diario
Nota y fotos por: Juan Camilo Useche Moreno
En una casa de la localidad de Ciudad Bolívar, la rutina para una familia cambió casi sin darse cuenta. Lo que antes era llegar del colegio y encender el televisor, hoy es sentarse en la sala, abrir un libro y escuchar una historia. Pero la escena tiene algo particular: quien dirige es Samantha, una niña de 10 años que decidió replicar en su hogar lo que aprendió en la Biblioteca Pública Arborizadora Alta.
Su mamá, Geraldine Hidalgo, recuerda que no siempre fueron visitantes frecuentes de la biblioteca. La conocían desde antes, pero fue hace algunos meses cuando empezaron a asistir con más regularidad, motivados por la conexión que encontraron con uno de los mediadores.
“El mediador Nicolás Gutiérrez tiene una energía excelente, a los niños les encanta. Hace que participen, que se rían, que quieran volver”, afirma Geraldine. Esa cercanía fue la clave para que Kevin y Dana –su hijo de ocho años y su sobrina de siete– empezaran a apropiarse del espacio, especialmente de la Hora del cuento, una actividad característica de BibloRed en la que niños y niñas se reúnen alrededor de la lectura.

Para Kevin y Dana, la biblioteca les ha posibilitado un espacio para jugar, participar y compartir en compañía de otros niños y niñas. “Hablamos con los niños y las niñas, hacemos amigos, jugamos, nos prestan libros y nos leen en voz alta”, cuenta Kevin.
Además de participar en los talleres, la familia hace uso del préstamo de libros, exploran colecciones, se suman a actividades como el Club de ajedrez y acompañan distintos procesos que ofrece el espacio. Poco a poco, la Biblioteca Pública Arborizadora Alta se ha convertido en parte de su vida cotidiana.
Con el tiempo, lo que vivían en la biblioteca comenzó a trasladarse a la casa. Geraldine, buscando reducir el uso de pantallas, propuso un día sin celulares ni televisión. En ese instante, Samantha –su hija mayor– tomó la iniciativa y decidió organizar su propia Hora del cuento.
No fue un juego improvisado. “Armó una planilla, asignó roles, definió horarios y hasta replicó las frases que escucha en los talleres. Les recuerda a todos que deben ser puntuales y, si alguien falta, se encarga de ponerlo al día”, cuenta su mamá, mientras explica que lo que empezó como una actividad espontánea se volvió un ritual familiar.
Para su familia, este espacio es muy significativo y trasciende el ejercicio de la lectura en voz alta, es un momento para compartir tiempo de calidad y les permite desarrollar nuevas habilidades. Kevin se refiere así al espacio promovido por su hermana: “me gusta porque mi hermana hace la hora del cuento y juega con nosotros”. Durante una de esas sesiones, leyeron El Principito, una historia que lograron reconstruir y contar a su manera.

A partir de esta experiencia, Geraldine ha notado cambios importantes. Ya no tiene que insistir para que sus hijos lean o se despeguen de las pantallas. Ahora son ellos quienes buscan los libros, proponen actividades y encuentran en la lectura una forma de distraerse y estar juntos.
También ha sido testigo de transformaciones más profundas. Samantha, que antes evitaba hablar en público, ahora participa activamente en los talleres de la biblioteca.
“Se siente más segura, levanta la mano y se anima a compartir sus ideas”, enfatiza Geraldine, quien reconoce que este proceso ha sido posible gracias al ambiente de confianza que encontró en el espacio.
La historia de Geraldine y su familia es solo una de muchas que muestra cómo un espacio bibliotecario puede transformar hábitos y rutinas cotidianas. “No se trata solo de asistir a actividades, sino de llevarse algo más: una práctica, una idea, una forma distinta de habitar el tiempo en casa”, explica.
Cada sábado vuelven a la biblioteca. Pero la historia no se queda allá. Se repite en la casa, en la sala, entre risas, libros abiertos y una niña que pasa al frente a liderar la Hora del cuento en su casa, recordándonos que todos podemos ser mediadores de lectura en diferentes escenarios.


