“Como no tengo plantas en la casa, vengo acá”: Pablo Chacón, el poeta al que lo cautivó la huerta de la Biblioteca Pública Bosa
Por: Julián Andrés Gómez Mejía
Solo una sesión en la huerta bibliotecaria El Camino del TyHyky bastó para que Pablo Chacón pudiera tener una conexión con su vida del pasado en el campo y de esa manera pudo involucrarse con las actividades de la Biblioteca Pública Bosa.
Aunque la razón principal por la que se acercó a la biblioteca fue su gusto por la lectura, lo que lo volvió un asiduo visitante del espacio bibliotecario, fue su huerta.
“Me gusta volver a estar en contacto con lo que hice tiempo atrás”, explica Don Pablo, como todas las personas de la biblioteca lo conocen. Desde 2013, él dejó su pueblo natal, Fúquene (Cundinamarca), para venirse a la capital a causa de una operación a corazón abierto y su respectivo tratamiento.
Durante la recuperación Pablo no dejó de escribir poesía. Esa afición lo llevó a entrar en la búsqueda de espacios amenos para la lectura, y cerca a su casa, halló la Biblioteca Pública Bosa.
“Me atrajo la amabilidad de los funcionarios. Yo pensaba que las bibliotecas solamente eran para investigar e instruirse, pero no me imaginé que tenían huertas para enseñarle a algunas personas que no fueron criadas en el campo algunos conocimientos con las plantas. Como no tengo plantas en la casa, vengo acá”, señala Pablo.
Las plantas de la huerta que más le llaman la atención a Pablo son la acelga, el tomate, la lechuga y las plantas aromáticas, pero enfatiza que se identifica mucho con el cidrón y el toronjil.
La pasión de Pablo por la poesía
A pesar de que fue la huerta la que lo hizo quedar en varias de las actividades de la programación cultural, lo que más comparte él con sus compañeros es su arte, la literatura.
Pablo es un apasionado por la poesía. Su primer poema lo hizo a los 19 años a su primer amor y desde entonces quedó flechado por las letras. Primero se destacó como declamador en su pueblo y alrededores.
La Laguna de Fúquene, como distintivo del municipio, le sirvió como inspiración en varias ocasiones para la composición de algunos de sus poemas. Ese mar pequeño, como la describe, fue fundamental además de sus autores favoritos: Gabriel García Márquez y el chiquinquireño Julio Flórez.
“El gusto por la poesía nació desde el colegio. Me invitaban de otros municipios para declamar. El sentimiento y cotidianidades de la vida me llevaron a la escritura para dar mis primeros pasitos”, dice Pablo.
Ahora las sesiones del Café Literario o el Club para Personas Mayores casi siempre son amenizadas por sus declamaciones. “Me acuerdo de un compañero que me decía: -Cuando Pablo se pone a declamar es como una madre cuando amamanta al niño, lo pega a uno al tema que está declamando, tiene esa particularidad’”, apunta.
Él no puede superponer el arte de declamar poesía con escribirla. Dice que van de la mano y la inspiración la podría encontrar en cualquier lado. “En la ciudad se encuentra poesía, en el diario vivir se encuentra. Acá en la biblioteca, en las calles y en las distintas cosas que ocurren uno encuentra poesía”, concluye Pablo.
La huerta sigue siendo ese espacio en el que nostálgicamente recuerda gran parte de su juventud en Fúquene y también la Biblioteca Pública Bosa ese lugar en el que ha podido encontrar una comunidad con la cuál compartir algo de su poesía.


