WhatsApp

Toni Morrison: escritura de belleza y resistencia

Toni Morrison: escritura de belleza y resistencia

Viernes, Febrero 17, 2023 - 17:17
En 1993 la escritora estadounidense recibió el Premio Nobel de Literatura. Sigue siendo hasta el momento la única mujer afro en recibir esta distinción. Su obra es una reflexión sobre el racismo, la violencia, el odio y el amor

Por Sergio Alzate

De niña, Chloe Ardelia Wofford se reunía con sus hermanos alrededor de su abuela para escucharla hablar. Embelesados, los pequeños se perdían entre los relatos de los negros esclavos en Estados Unidos, las gestas por su dignidad, las leyendas y los mitos de personajes que luchaban contra los amos blancos, las pícaras historias folclóricas y las desgarradoras cicatrices que el racismo estructural dejó en cada cuerpo moreno, oscuro, negro, africano. 

Y allí ella, Chloe, que no se llamaría así por mucho tiempo. Ella: escuchando todo con la misma pasión con la que años más tarde leería a Lev Tolstói y a Jane Austen. Ella: heredando sin saber y sin querer toda una historia de violencias, vejaciones, torturas, humillaciones y muertes, pero también de amor, amistad, resistencia y orgullo. Ella: absorbiendo las palabras de su abuela hasta guardarlas en sí como una especie de nuevo órgano, tan vital como el cerebro, el corazón o los pulmones.

Ella: que décadas más tarde sería conocida en todo el mundo como Toni Morrison.

***


Foto tomada de la web

Al googlear el nombre Toni Morrison, aparecen millones y millones de resultados. Al abrir los primeros enlaces, que suelen ser resúmenes sobre su biografía, además de una que otra entrevista, se dice casi que sin excepción un dato fundamental: fue la primera mujer afro en ganar el Premio Nobel de Literatura, galardón que obtuvo en 1993.

Sin embargo, este dato es engañoso: decir que fue la primera mujer afro en obtener el premio literario más importante del mundo, es crear implícitamente la imagen de que luego de ella ha habido al menos una segunda. Una sucesora, otra excepción a la regla de los hombres blancos, heterosexuales y occidentales que conforman la mayor parte de los laureados.

Y no es así. Toni Morrison sigue siendo la única en ser galardonada con el Nobel, a pesar de no haber sido ni ser la única mujer negra en escribir.

***

Cuando los libros llegaron a la vida de Toni Morrison fue una historia de amor: ella no pudo alejarse más de ellos. Esos artefactos guardianes del relato, no se diferenciaban demasiado de las palabras de su abuela. Eran memoria viva, la historia en pleno presente, el pasado volviendo una y otra vez como las olas de un mar de tinta que lamía las arenas de la cotidianidad.

Así, Morrison estudió Filología inglesa en la Universidad Howard de Washington y, más tarde, se doctoró en Literatura inglesa en la Universidad Cornell de Nueva York. Y a pesar de la imagen idílica de los años cincuenta, del esplendor estadounidense que consolidaba en el imaginario mundial el sueño americano (comedias televisivas, pastel de manzana, familias de padres rubios e hijos rubios y labradores de ojos juguetones y lenguas sonrosadas), lo cierto es que para ella y el resto de afroamericanos la vida era distinta.

Ella, que provenía de una familia obrera que es casi lo mismo que decir pobre, no la tenía fácil al igual que el resto de personas afroamericanas. La historia no hablaba de ella ni de quienes eran como ella. La abolición de la esclavitud en Estados Unidos todavía podía contarse en décadas y si sus secuelas aún siguen sintiéndose en pleno 2023, en la década del cincuenta eran una herida abierta cual flor monstruosa del rojo más espantoso. El mundo estaba hecho para los blancos, en muchos casos descendientes directos de los otrora amos que comerciaban con los africanos traídos a la fuerza al continente americano. 

Y allí, en el fondo de las lecturas, de los libros, de la literatura, los relatos de su abuela: el horror y la belleza, el terror y el orgullo, la sumisión y la rebeldía. Todo eso sedimentando en Toni Morrison que aún las décadas del cincuenta y sesenta era un nombre más en la marea de los negros anónimos de Estados Unidos.

***

Ser el primero es tener colgado al cuello el peso del exotismo en medio de una forzada normalidad. Toni Morrison no solo ha sido la primera y única ganadora afroamericana del Premio Nobel de Literatura, sino que a finales de la década del sesenta fue la primera mujer negra en ser editora de la editorial Random House.

Cargo que tuvo hasta 1983 y a través del cual apostó por la literatura, el pensamiento, la estética, las reflexiones y las visiones de mundo de autores y autoras afro. Gracias a ella y a su olfato editorial, se publicaron durante esos años libros de personajes centrales para el pensamiento negro (y universal) como Henry Dumas, Angela Davis, Gayl Jones, Huey P. Newton, Muhammad Ali, Toni Cade Bambara, entre otros.

Antes de publicar su primera novela en 1970 (Ojos azules), Morrison fue una lectora y editora consumada. Antes de inmortalizarse a sí misma, buscó la eternidad para los suyos: herederos también del horror y de la belleza, del dolor y el orgullo, de la muerte y de la vida. 

***

Chloe Ardelia Wofford nació el 18 de febrero de 1931 en Lorain, un condado de Ohio. Su padre era un trabajador de la industria del acero y su madre, ama de casa. Tuvo tres hermanos más, con quienes creció entre una pobreza modesta y con quienes escuchó las historias de su abuela.

Y a los doce años renació de nuevo, porque cambiar de nombre es un poco eso: enterrar una identidad para darle espacio a otra, que tiene tu mismo rostro, tu mismo cuerpo, tus mismos huesos y tu misma sangre, pero que al final ya no eres tú porque algo cambió para siempre: ninguna boca volverá a pronunciar tu nombre como antes, la lengua debe aprender a torcerse de otra forma para producir un nuevo sonido. Así, y tras bautizarse como católica, adoptó el nombre de Chloe Anthony. 

Luego, se casaría y tomaría el apellido de su esposo. De este modo, la boca y la lengua tuvieron que aprender otras formas de nombrarla: Chloe Anthony Morrison. Y tras el divorcio, ella mantuvo el apellido del padre de sus dos hijos. 

Y en 1970 al publicar Ojos azules, su primera novela, nació su nombre definitivo, por el cual sería conocida en el mundo entero: Toni Morrison. Toni, por el hipocorístico de su segundo nombre; Morrison, por su apellido de casada.

***

Hay cierto mito que de tanto repetirse se ha convertido en una verdad a medias: se tiene la idea de que quienes ganan el Premio Nobel de Literatura tienen obras extensas. En el imaginario, esta distinción solo es para quienes han escrito decenas y decenas de libros. Lo cual confunde el impacto de una obra con la cantidad, para dejar de lado cuestiones como las apuestas estéticas, la reinvención de la forma y el sustrato intelectual que se esconde detrás de todo esto.

Cuando Toni Morrison recibió en 1993 esta distinción, había publicado seis novelas hasta ese momento: Ojos azules (1970), Sula (1973), La canción de Salomón (1977), La isla de los caballeros (1981), Beloved (1987) y Jazz (1992) (los cuales pueden consultarse en el catálogo de BibloRed y en la Biblioteca Digital de Bogotá).

Los críticos y estudiosos de su obra resaltan un desplazamiento importante que se dio en sus libros desde el inicio: mientras la literatura estadounidense estaba preocupada por la vida de las personas blancas, sus dificultades, opresiones y cotidianidades, Morrison desplazó estas vivencias a la periferia (o a lo que se quería considerar como tal). En ella el centro es el ser humano negro que fue arrancado de su continente de origen, trasplantado a la fuerza en nuevo territorio, despojado de su lengua materna, esclavizado, humillado, maltratado y sistémicamente oprimido. 

La otredad que sirvió como base para cimentar a una nación entera (Estados Unidos), necesitada siempre de un relato confrontativo entre un “nosotros” y un “ellos”, pasa a ser el objeto estético, narrativo e intelectual.

Este desplazamiento, por supuesto, no nació con Toni Morrison. Antes de ella, otros y otras ya habían pensado en estas cuestiones. El golpe final se dio cuando la crítica y el público se volcaron de manera masiva a estos libros que confrontaban a una nación entera que creía que su prosperidad de pasteles de manzanas, niños rubios que juegan al baseball y amas de casa con delantales a cuadros rojos y blancos era una bendición de un dios que premia a quienes trabajan duro y se esfuerzan demasiado. Era observar el lado oscuro de un país que no ha sabido qué hacer con su historia incómoda de esclavitud, racismo y violencia. Era mirar a los ojos al amo blanco sin miedo del látigo que laceraba la piel ni a la palabra que antes servía para condenar a muerte. 

Era perder el miedo y vivir y escribir y narrar como tal.***

Luego del Nobel, Morrison siguió escribiendo. Novelas como Paraíso (1997), Amor (2003), Una bendición (2008) y La noche de los niños (2015); reflexiones acerca de la raza como El origen de los otros (2017); y libros infantiles como La gran caja (2000) terminaron de construir el corpus de una obra en la que ella trabajó hasta su muerte el 5 de agosto de 2019.

***

En 1993 al recibir el Premio Nobel de Literatura, Toni Morrison leyó su discurso de aceptación. Un alegato a favor de la vida, de la imaginación, de la rebeldía, del amor y del lenguaje como fuego revolucionario. Un fragmento de este encapsula sus luchas y sus obsesiones:

“El lenguaje opresivo hace más que representar la violencia: es violencia. Hace más que representar los límites del conocimiento, lo limita. Sea el oscuro lenguaje de Estado o las tergiversaciones de los insensatos medios; sea el maligno lenguaje de la ley-sin-ética, o aquel designado para el alineamiento de las minorías, escondiendo sus saqueos racistas debajo de un maquillaje literario. Todo esto debe ser rechazado, alterado y expuesto. Es el lenguaje que chupa sangre, que se ajusta la bota fascista con crinolinas de respetabilidad y patriotismo, al tiempo que se mueve implacablemente hacia el último y más oscuro lugar de la mente. Lenguaje sexista, lenguaje racista, lenguaje teísta son todas formas típicas de las políticas de lenguaje del dominio, que no pueden y no permiten nuevos conocimientos ni el encuentro de nuevos intercambios de ideas”.